JOAN PONS anuncia su retirada

Joan Pons hace mención a Francisco Vas en una entrevista concedida al diario ABC con motivo del anuncio de su retirada. Juntos han trabajado en muchas producciones, principalmente en el Gran Teatre del Liceu, entre las que se encuentran óperas como Adriana Lecouvreur, Falstaff, Madama Butterfy,….

Les dejamos el artículo completo de Pablo Meléndez-Haddad para que puedan leer la interesante entrevista al baritono menorquín, publicada en el diario ABC el día 16 de Julio de 2012.

“El jueves pasado, el barítono menorquín Joan Pons (Ciudadela, 1946) anunciaba en Facebook que se retiraba de los escenarios operísticos después de 42 años de carrera. Lo hará en las funciones de «Aida» que despiden la temporada del Liceo entre el 21 y el 30 de junio, feliz por el trabajo realizado, pero también preocupado por el futuro de la ópera.

«Se ha llegado a extremos incomprensibles. No puede ser que alguien con tanto poder como el director del Metropolitan del Nueva York, Peter Gelb, diga que lo importante de los ganadores de las audiciones para jóvenes cantantes es que sean sobre todo guapos, y que ya aprenderán el oficio. Esto escapa a mi comprensión. ¡Estamos hablando de ópera, de canto!», explica a ABC. Por eso afirma que «el retiro me llega en un momento que me toca, ya que el 8 de agosto cumpliré 66 años. Y, definitivamente, no es el mejor momento para la profesión».

–¿La decisión ha sido repentina o la llevaba pensando desde hace tiempo?

–Le estaba dando vueltas desde noviembre del año pasado, cuando al volver de Nueva York de cantar en el Met, tuve una arritmia cardíaca tan fuerte que me tuvieron que internar y conectar un desfibrador. Fue como un toque de atención. Llevo arrastrando diversos problemas de salud durante once años; a pesar de todo he podido seguir cantando sin problemas, pero ya no estoy para pasar dos meses fuera montando una producción, acarreando maletas… No pretendo quedar desligado de la música: estaré disponible para dar recitales benéficos (el 3 de agosto en Menorca), clases magistrales, colaboraciones en conciertos… Incluso quizás se haga una «Butterfly» en Menorca el próximo año, y les ayudaré cantando sin cobrar…

–En una carrera tan dilatada habrá miles de noches memorables…

–Siempre recuerdo cuando hice una sustitución de última hora en una «Macbeth» en el Liceo. Yo hacía el sicario y me pidieron cantar el Banquo, papel que tuve que aprender en un par de días; al final los compañeros y los técnicos del escenario me aplaudieron espontáneamente, y el público me pidió que volviera a salir. Fue inolvidable. También recuerdo la noche del debut de «Tosca» en Viena con Montserrat Caballé y José Carreras, o uno de los tantos Rigolettos que hice en el Met, con el público en pie…

–Es uno de los pocos cantantes que ha participado en 25 temporadas en el Met de Nueva York.

Allí hice muchas óperas, incluso cinco en una misma temporada, que coincidió con una gira a Francia y Japón con la compañía con dos títulos más, por lo que al final canté siete óperas en un mismo curso… Eso es inolvidable. Siempre me he sentido muy querido en Nueva York, el público me lo ha demostrado en el escenario, en la calle, en restaurantes… En América en general se va a disfrutar de una velada, en cambio el público latino va con ideas preconcebidas, es más prejuicioso: esto lo he vivido en La Scala.

–En su paso de bajo a barítono, Montserrat Caballé tuvo un papel fundamental…

–Sí, ella fue la de la idea, y aunque en ese momento me supo muy mal, no he dejado de darle las gracias. Siempre le estaré muy agradecido, y aunque en 1992 nos hayamos apartado por diversos motivos, yo la sigo queriendo mucho. Siempre la he admirado y me alegré mucho cuando me llamó para que participara en el homenaje que le hizo el Liceo en enero pasado. Fue un reencuentro muy esperado por mí.

–¿Qué papeles le hubiera gustado interpretar que nunca pudo hacer?

–Cuando comencé como bajo pensé en hacer Boris Godunov… Y después, Don Giovanni o el Conde de «Nozze», pero esos fueron sueños de juventud, en cambio me divertí mucho haciendo Don Pasquale, o, esta temporada, el Michonnet de «Adriana Lecouvreur», un personaje muy humano que disfruté mucho.

–¿De qué colegas ha aprendido más sobre el escenario?

–He tenido la gran fortuna de toparme a lo largo de todos estos años con los más grandes de la lírica, desde Mirella Freni a Montserrat Caballé, Plácido Domingo, José Carreras, Jaume Aragall… Renato Bruson, aunque era barítono como yo y casi no coincidimos,siempre se portó muy bien conmigo.

–¿Y en cuanto a maestros musicales?

–Pongo siempre como ejemplo a Nello Santi o a Riccardo Muti, que siempre me daban una razón para sugerir tal o cual cosa en la interpretación. No quiere decir nada que hayas cantado 400 Toscas cuando te dan razones y te convencen. Lo mismo con Levine, Sinopoli o Patanè.

–¿Y directores de escena?

–Giorgio Strehler fue mi gran guía, de ahí comenzó todo, ya que me dirigió en La Scala ese «Falstaff» que significó mi despegue internacional, y justo después en «Cavalleria» y «Pagliacci» con Franco Zeffirelli... Con quien no me quiero volver a encontrar nunca más es con Stefano Poda… Ya estoy cansado de estar combatiendo con ideas raras, no me gusta, lo paso mal.

–¿Qué opinión le merece la forma en la que se está manejando el negocio operístico internacional?

–Con declaraciones como las del director del Met, creo que se va en contra de la esencia de la ópera, aunque algunos digan que lo importante es que se hable del montaje, aunque sea mal. No lo entiendo. Si un cantante es bueno, tiene buena voz y actúa dignamente, me parece que es lo correcto; ahora, si además es guapo, mejor, pero no puede ser esto lo que prevalezca a la hora de contratar. Además muchos de estos divos mediáticos han demostrado que no duran mucho tiempo. A lo largo de mi carrera he visto muchos cantantes que prometían y que no han durado más que unos cuantos años. Desaparecen, ya no están. Hoy creo que les falta la base: salen del conservatorio y los ponen a debutar con papeles principales y eso no siempre está bien. Antes tenías que ir haciendo secundarios para luego aspirar a un protagonista. En todo caso, esto es como jugar a la lotería, porque cuando me propusieron hacer Falstaff yo también era muy joven, pero contaba con muy buenos maestros, como Strehler y Maazel. En esto no es que te vengan a buscar, tienes que estar preparado.

–Usted ha sufrido en carne propia la crisis en el sector. ¿Cómo ve el futuro?

–Esto está pasando en todas partes, pero Italia es el peor ejemplo: te piden rebajar y por descontado ya no te pagan los desplazamientos o los hoteles. Pero lo peor es que ahora en algunos sitios ¡no te pagan! En Taormina, donde canté el verano pasado, todavía no me han pagado, después de haber tenido que pagar más de un mes de hotel, los viajes… Y si te pagan, lo hacen al cabo de medio año. En Taormina siguen debiendo contratos de hace dos años, especialmente a comprimarios. No hay derecho. Así no sé a dónde se irá a parar. Otra razón más para jubilarme…

López Cobos y los cantantes españoles

En cuanto a si los cantantes españoles están siendo tratados como se merecen en teatros como el Liceo y el Real, Pons es contundente:«Esto viene de largo, empezando por López Cobos cuando estaba de director musical en el Real: él era el primero en apartar a los españoles. Un José Ruiz, por ejemplo, seguro que si hubiese sido extranjero habría hecho una carrera más importante. O, en mi caso, he pasado al primer reparto en esta “Aida” del Liceo porque les ha cancelado el barítono que tenían… Pero aquí en Barcelona también hay gente que va haciendo cosas muy buenas, como Paco Vas o María Bayo», afirma”